Areta

Adopté a Areta porque cuando llegó al albergue ella me escogió. Vino a verme moviendo el rabin, me lamio la cara y me llevó a su casita. Era muy tímida. Al principio en casa todo le daba miedo. Pasó días sin atreverse a levantarse de su sitio salvo que nos fuéramos de la habitación. En la calle tenía miedo de todo: balones, bicicletas, niños…

Poco a poco fue cogiendo seguridad en sí misma hasta el punto de que hasta parecía haber crecido porque iba más erguida. Y también fue sacando su carácter.  Decidió que no quería saber nada de hembras ni de cachorros.

Areta ha disfrutado mucho de paseos por playas y sendas. Siempre le gustó mucho correr y era una auténtica maravilla verla. Siempre elegante y guapísima. Es una perra muy independiente pero también muy sensible.

Ahora tiene fallo renal (le calculo mínimo 15 años) y está un poco envejecida. Ha pegado bastante bajón en el último mes aunque es una campeona y la veterinaria está alucinada de lo animada que está.

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