Lucky (Tofu)

Tofu ahora se llama Lucky y no se puede decir que no sea feliz. Lo es y se nota en cuanto le miras a los ojos y ves su cola alta como la hoja de una palmera.

Pero tuvo muchos cambios en muy poco tiempo: unos “papis” nuevos, una casa nueva, un parque nuevo, la operación de la castración, peluquería….. unas costumbres nuevas… y sobre todo se encontró con una hermana sin esperarlo, una schnauzer enana, ya joven y acostumbrada a que todos los mimos y atenciones fueran para ella. Eso provocó situaciones esperadas pero que han durado en el tiempo, y todavía duran. No se puede hablar de rechazo, ni falta de adaptación. Yo hablaría más de descoordinación en los juegos. Una no estaba acostumbrada a compañía, y el otro estaba como loco de contento por casa y al salir al parque parecía (sigue pareciendo aunque ya menos) un toro desbocado. Todo ello trajo como consecuencia que Lucky sufriese bastantes percances con Syrah, que en los juegos cuerpo a cuerpo aprovechaba para dejarle algún “recado” que el inocente de Lucky encajaba sin rencor, porque al final al que llevábamos al veterinario era a él y la otra se quedaba en casa sin daño alguno. En este tiempo ha convivido más con el collar isabelino de lo deseado, pero es fuerte y recupera bien, y nosotros intentamos suplirlo todo con una gran cantidad de mimos (repartidos con ella claro). Así y todo, han tenido que recibir clases particulares (y nosotros también) con un educador para que nos enseñase a reconducir esa convivencia y hacerla más amable y aburrida, porque las emociones, sobre todo a él, le aceleran y no mola. Al punto que viven en casa separados por una valla puesta en el pasillo, como vecinos, que se juntan cuando estamos todos pero que al irnos nosotros han de mantenerse en su sitio cada uno. Como los dos tienen un alma buena, van mejorando su actitud y comparten interés olfateando el camino.

Así y todo, Lucky sufre su pasado, desconocido para nosotros, por eso le hace un poco imprevisible en situaciones de aparente normalidad, reaccionando con agresividad impulsiva y contradictoria con el dicho “no se muerde la mano que te da de comer”. Eso lleva a una vigilancia especial con el acercamiento de extraños, más si cabe cuando una caricia mal entendida le hizo saltar el fusible y arremetió la mano del amigo que se llevó un mordisco de recuerdo en el dedo meñique. Seguramente no perdimos un amigo pero sí la confianza en Lucky, que no la esperanza en conseguir la armonía final, y al que seguimos queriendo en la familia, como no puede ser de otra manera.

 

 

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